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28/08/2026

Katie James: “Para cualquier artista el amor fue, es y será eterna fuente de inspiración”

La cantante colombo-irlandesa presenta en la 37º edición Encuentro de Música Teresa de Bolívar su último disco editado este año, ‘Bajo mi corteza’

La cantante colombo-irlandesa Katie James se sube al escenario de la Plaza de Sintes de Teror el día 11 de septiembre, a las 21:00 horas, para ofrecer un concierto en el que presentará su último trabajo discográfico titulado ‘Bajo mi corteza’, en el marco de la 37º edición del Encuentro de Música Teresa de Bolívar que impulsa la Consejería de Cultura del Cabildo grancanario con motivo de las Fiestas del Pino 2026.

La cantautora, con más de 20 años de carrera artística, cuenta con cuatro álbumes publicados hasta la fecha en los que ha explorado y fusionado ritmos latinoamericanos con otros más modernos. En ‘Bajo mi corteza’ ha querido mostrar su afecto a la cumbia, el vallenato, las tonadas llaneras y el bolero. James, que ha colaborado con otro colombiano popular como Carlos Vives en su álbum ‘Cumbiana II’, ha recorrido los escenarios de más de quince países de Europa, Norte, Centro y Sur de América.

De padres europeos, Katie James creció en una pequeña comunidad alternativa, ecológica y artística en una zona rural de las montañas andinas colombianas. En 1988, con dos años, llegó con su madre y sus dos hermanas al país, buscando un nuevo hogar para continuar con el proyecto de Atlantis, una comunidad autosostenible y terapéutica que lideraba su madre, asentándose en Icononzo, Tolima, donde vivió la mayoría de su niñez y escuchó por primera vez ritmos y aire latinoamericanos que eran nuevos para ella y que con el tiempo se han convertido en la seña de su carrera.

James, que estará acompañada en su acústico en Teror por el guitarrista Sergio Portales, inició su ‘Bajo mi corteza Tour’ con conciertos ofrecidos en Bogotá, Bucaramanga y Medellín, entre otras ciudades de Colombia. “En el álbum confluyen canciones con rasgos de música argentina, un bolero, una cumbia, un vallenato, aires de la llanura colombiana y también de los Andes. Y aunque son distintas en sus ritmos, todas conservan el sello auténtico y personal que la gente ya reconoce en mis canciones y mis historias”, señala la cantante refiriéndose a su último disco.

Mujer de mundo

Al recordar la manera en que las etapas de su infancia y juventud influyeron en la Katie James que es hoy, la artista recuerda un paisaje de un exultante verde, “de árboles sin fin, piedras cubiertas de musgo, quebradas, cascadas, caballos, cabras y animales silvestres. Crecí en un entorno absolutamente natural, en una finca sin energía eléctrica, viviendo en una pequeña comunidad ecológica fundada por mi madre, cuyo objetivo era la autosostenibilidad. Teníamos un gran huerto y cultivábamos, de manera orgánica, casi todo lo que comíamos. No fui a una escuela formal, me educaron en casa. Desde niña trabajaba en las diferentes labores de la finca y también explorábamos los bosques y las quebradas junto a los demás niños de la comunidad. También había mucho espacio para el arte. Hacíamos música, danza, teatro. A mis trece años empecé a escribir canciones y a tocar guitarra. Ahora soy una ‘mujer de mundo’ pero cierro los ojos y aún puedo recorrer, sin tropezar, todos esos caminos que pisé descalza”, recuerda.

Confiesa que su madre ha jugado un papel fundamental en su vida. “No puedo contar mi historia sin hablar de mi madre. A veces me preguntó qué habría sido de mi vida si ella hubiese decidido educarme en Londres y llevar una vida más ‘normal’ con una educación formal. ¡Probablemente yo haría música, pero seguramente no estaría cantando bambucos!”, exclama. “Mamá nació en Inglaterra en 1942, y aunque no fue afectada directamente por la guerra, sí creció haciéndose preguntas profundas sobre la humanidad, nuestro rumbo, nuestras maneras de solucionar los conflictos… Y eso la llevó a buscar una vida alternativa, a fundar la comunidad Atlantis y finalmente a trasladarse a Colombia para vivir ‘alejada de la civilización moderna’ en una montaña sin energía eléctrica”.

Sobre el tiempo que le lleva escribir sus canciones dice que “algunas llegan completas en una tarde, otras tardan un par de años. Depende de qué tan claro está eso que uno quiere decir, tanto con la música como con la letra. La mayoría de mis canciones fueron compuestas en una cabaña de la finca de mi madre a donde voy con frecuencia. El hecho de haber crecido entre las montañas, rodeada de naturaleza influye, sin duda, en mis composiciones, no solo desde las letras sino desde el mismo sentir. Creo que una persona que siempre habitó la ciudad tiene una manera distinta de ver la vida y el mundo. No mejor ni peor, pero sí distinta. Puedes salir de la montaña, ¡pero la montaña no sale de ti! Yo sigo siendo un animalito de monte. Sin embargo, para cualquier artista el amor fue, es y será eterna fuente de inspiración. Si me enamoro, compongo, ¡si me desenamoro también!”

Camilo, Juanes, Maluma, Carlos Vives, Karol G, Shakira… El actual y vigoroso momento que vive la creación musical en Colombia que se escucha en medio planeta lo contempla James con entusiasmo. “Me gustan unos más que otros, pero es indiscutible que Colombia, a través de su música, está dando de qué hablar y está mostrando su inmensa riqueza cultural. Solamente invitaría a la gente a que escuche también a algunos artistas más ‘pequeños’ e independientes con propuestas hermosas”, sostiene.

La lista de cantantes que escucha es larga, pero nombra a Lhasa de Sela, Natalia Lafourcade, Jorge Dréxler, El Kanka, Gustavo Cerati y, a menudo, la buena salsa vieja de Willie Colón. De su Colombia de adopción no se olvida de Herencia de Timbiquí, de la costa pacífica, Totó La Momposina de la región Caribe, El Cholo Valderrama de la llanura oriental o de Marta Gómez de la región andina. ¿Y de España, a qué artistas admira? “¡Rosalía me encanta! La vi hace poco en vivo en Bogotá. También Silvia Pérez, Cruz, Rita Payés, El Kanka y C. Tangana, entre otros”, enumera.

Las vidas de James

Explica que paradójicamente ahora comprende más el reguetón como género que cuando era una adolescente. “¡A mis 18 era incapaz de escuchar reguetón! Me rehusaba, protestaba, ¡me iba de las fiestas! Ahora no tengo ningún problema en bailarlo. Entiendo que es una música que llega de una manera muy directa, que tiene un ritmo que invita a moverte y eso es liberador. Lo bailo de vez en cuando, pero eso sí, nunca me ha pasado que estando en mi casa diga: ‘quiero escuchar reguetón’, puntualiza.

Katie James cree en la industria musical hoy por hoy “encontramos de todo. Salen a diario canciones que yo identifico como totalmente fabricadas para un mercado, con historias que ninguno de sus autores vivió, pero también, se siguen componiendo canciones de sentimientos profundos, de reflexiones, de vivencias propias e irrepetibles. Esas, claramente, son mis favoritas”, agrega.

Colombia, en pocas palabras, representa para James su casa. “Hay muchos lugares bellos y fascinantes en el mundo, pero Colombia es ese pedacito de tierra que yo llamo hogar”.

Pero, ¿cuántas vidas lleva a cuestas Katie James a pesar de su juventud? “La primera vida no la recuerdo… De padres europeos nací en Irlanda, una fría y desértica isla llamada Inishfree, y antes de cumplir los dos años mi familia emprendió un largo viaje hacia Sur América. Mis primeros recuerdos, mi segunda vida, se inicia en las montañas andinas colombianas en aquella finca rodeada de naturaleza. En casa el inglés y el té. Con los vecinos el español y el café. Aprendimos de ellos y ellos de nosotros. Mi tercera vida de compositora de canciones y estudiante de guitarra me llevó más adelante a la universidad en Bogotá, donde me sumergí profundamente y de tiempo completo en la música de desde un enfoque académico. Eso sí, sin cabras balando de fondo… Soy egresada de la Universidad INCCA de Colombia, y para mi asombro, a pesar de no haber ido al colegio, en esa vida descubrí que me gustaba la estructura, el programa e incluso las calificaciones. Y ahora estoy viviendo mi cuarta vida como artista independiente recorriendo el mundo con mi guitarra y mis canciones”, concluye Katie James.